14 de julio 2013- bajando de la montaña del tigre
Escuchando mi voz guiada por el copal de luz,
en la zona arqueológica de Monte Albán.
Cuanta paz hay en la soledad
En sus palabras de hojas y espinas
En el tejido de luz y sombras de sus ramas
En la piel de escamas del tiempo
En la
luz liquida y olorosa de su
sangre.
Esa luz que adormece nuestras penas
Y las matiza de olor antiguo en nuestra
memoria.
Hoy sentí el cálido abrazo de sus ramas
Arrullado y cobijado en su centenar de brazos
Escuchando la enseñanza del corazón
Blanco y suave palpitando en mi oído
“Son cuatro rumbos el destino de los hombres”
Cada rumbo es un espíritu que nos guía
Cada rumbo es un lapso de tiempo,
Es un
movimiento en el péndulo de la vida.
Tiempos sagrados son los espacios de nuestras vidas
Tiempo y espacio Es la red que nos envuelve
Las redes del poder tiradas a cada paso
Por manos invisibles.
Que sembraron el destino de los hombres
Señores del destino poderoso y eterno
Maniatados en la tarea de hacer del hombre
Un ser de luz y libre en su destino.
Solo su contacto será suficiente para abrir
nuestro capullo
De orgullos y miserias
Contacto Que nos empuja a ver nuestros propios rostros.
Hoy estuve ahí,
Sentado sereno bajo sus sombras
Olí y probé de su savia
Queme su sangre en mi crisol de carne
Me enseño a ver mis cuatro rostros,
Mis
cuatro caminos
y los cantos de cada destino.
El sol del amanecer, el medio día,
el
atardecer y la oscuridad
Soles que abrazan nuestra vida en su
transcurrir
De tiempo y vibraciones
Serpientes de luz que vibran al romper el
cascaron que los empolla
Es la tierra que pisamos el nido de luz que
nos transforma
Cuatro señores del día y
Cuatro señores de la noche dirigiendo el ritmo
de la vida
Cuatro soles de luz y otros de oscuridad
En dos compases divididos,
Una misma danza de luz y energía
La danza diaria de la vida.
Anuncia el copal en sus palabras de sabia
“Llevar los ritmos
y los compases de la danza ritual y sagrada
Es adentrarse en el
maravillo fluir de la vida
Dejarse ir en el
rio de luz y vibración
Aceptar este
destino es aceptar lo que somos en realidad
Madera blanda y
suave en las manos del destino
Estar en el taller
del constructor de vida y luz”
El viento frio de la montaña toco mi rostro.
Desperté junto al árbol sabio que me enseña.
Es el mismo viento que adormece
y que mece a los señores del tiempo
Los vientos siempre eternos que deshojan sus
cuerpos
Que llevan y traen sus semillas en remolinos
de hojas y recuerdo
Sentado a su sombra descubrí mi piel
Avejentada como mi espíritu
Pero renacida con la lluvia fresca y húmeda de
su voz
Es mi piel su tierra por sembrar
Y desprende su piel agrietada y reseca
Para caminar un nuevo destino
Mi rostro dibujado por el sol de la tarde
Solo amarillenta de matices en el tiempo mi
esperanza
Y renueva mi creer y mi esperanza.
Estas ahí, sembrado en la otra orilla del
tiempo y la montaña
Veo desde esta montaña tu montaña
Tus maestros y los míos mostrando su camino
Hoy estuve cerca del destino
Cargado de dudas y esperanzas, estuve ahí
A la
sombra de sus ramas que
Me acurrucaron cerca de su corazón.
Edgardo G. Villanueva Cuevas